MUJERES DESTACADAS 100 AÑOS

Bárbara Kopplin Lanata

Ingeniería Civil Eléctrica
Seremi de Transportes y Telecomunicaciones de la Región de Ñuble
@barbarakopplin

Segura, dinámica y muy cálida es la Ingeniera Civil Eléctrica de nuestra Facultad de Ingeniería UdeC, Bárbara Kopplin Lanata, quien a partir de mayo de 2019 -y luego de haber dirigido la Subsecretaria de Desarrollo Regional de Ñuble- asumió como Seremi de Transportes y Telecomunicaciones de la misma región. Como buena ingeniera, se organiza para responder con excelencia tanto en su trabajo, como con su familia compuesta por sus hijos, de cuatro y dos años, y su marido Tomás.

Bárbara (37) recuerda con mucho cariño sus años universitarios y su paso por esta escuela, experiencia que reconoce, le abrió los ojos al mundo -cuando ingresó en el año 2001- después de estudiar en el Colegio Alemán de Concepción donde fue una de las mejores alumnas de su promoción.

Fue en ese tiempo que decidió estudiar ingeniería, “siempre me gustó la matemática y me llamaba más la atención el lado de la física, de la química analítica; creo que mi fortaleza siempre fue la ciencia, pero más dura”, comenta. Asimismo, su padre, ingeniero, fue un referente importante y quiso seguir sus pasos. Pero reconoce también que la decisión tuvo un poco de experimentación, “De decir, sí, soy capaz de estudiar algo que típicamente quizás es masculino, ¡por qué no!”.

Al igual que para muchos, el primer año de ingeniería fue difícil, probablemente por el gran cambio que implica pasar del colegio a la universidad. “Al principio llegué a dudar de mis capacidades, porque en primero me pegué un guatazo; en esa época los ramos eran anuales con puntaje de 1 a 100, y claro, saqué malos puntajes en algebra lineal, me costó mucho, me lo eché y tuve que repetir”, expresa.

No obstante, con el pasar del tiempo le tomó el ritmo a la ingeniería y muy pronto se encontró dentro del 20% de alumnos que aprobaba uno de los ramos más difíciles de la carrera, “accionamiento electromecánico”. En ese minuto –recuerda- un compañero le encaró que el hecho de ser mujer la había puesto en una situación privilegiada frente al resto. “Me saqué la mugre estudiando, de verdad que no existí”, responde entre risas, recordando también que su cuaderno era el más fotocopiado y que sus pares le reclamaban que escribía con destacadores brillantes que no se notaban en la fotocopia.

“No podemos pensar que somos incapaces o que tenemos desventajas por el hecho de ser mujer, todo lo contrario, tenemos otras ventajas que quizás algunos hombres no ven”.

Entonces así como en un algún minuto dudó, prontamente se dio cuenta que no se necesitaba una capacidad física superior para estudiar ingeniería. Manejar máquinas, hacer circuitos y desarrollar operaciones matemáticas eran todas tareas que una mujer perfectamente podía llevar a cabo. Egresó el año 2008 de ingeniería eléctrica, habiendo realizado además un intercambio universitario de un año en la RWTH Aachen University, en Aquisgrán, Alemania.

“La ingeniería y la universidad me entregaron herramientas para la vida; porque finalmente –creo- muy pocos ingenieros aplicarán lo que aprendieron en cálculo numérico. Pero todas esas pruebas que superamos nos dieron un aprendizaje y en el fondo ¿qué nos enseñaban cuando nos ponían cinco certámenes en una semana y cuál de todos más difícil que el otro?; a administrar bien el tiempo, a delegar funciones, a trabajar en equipo, a saber sortear desafíos y cómo superarlos, a resolver problemas con metodología y estrategia, a priorizar y ver el 80/20, en fin, todo ese tipo de cosas que son re importantes para cualquier cargo, público o privado”, indica.

En ese sentido, destaca, en sus más de 10 años de experiencia laboral ha podido ver de cerca la buena recepción que tienen los y las ingenieros de la UdeC. “Las gerencias o las subgerencias veían a los alumnos de la Universidad de Concepción como profesionales súper enfocados y técnicos, muy capaces y analíticos; y la verdad es que es agradable sentir que te aprecian por tu formación. Creo también que nuestro perfil es de un ingeniero muy duro, somos muy aperrados; nunca vamos a dar un no por repuesta, puede ser algo muy difícil, quizás imposible, pero vamos a dar la pelea hasta sacar la tarea”, agrega.

Su trayectoria profesional la ha desarrollado en empresas de ingeniería, partiendo en AMEC (ahora Wood), luego la actual Engie -ambas en Santiago- y posteriormente en Celulosa Arauco, desde que decidió junto a su marido vivir en Chillán. Sin embargo, por reestructuraciones de la empresa que implicaba trasladar su equipo a Concepción, escogió quedarse un tiempo en la casa, hasta que volvió al mundo laboral para ser parte del equipo que ejecutó la implementación de la Región de Ñuble. Al poco andar, asumió la Subdere y desde hace casi tres meses, la Seremi. “Ha sido un impacto familiar fuerte, de haber estado en la casa y luego volver a trabajar a un cargo que estoy 100% disponible, a cualquier hora; el sacrificio es grande pero estoy súper feliz, es un lindo desafío y es muy rico saber que estamos trabajando para mejorar la calidad de vida de la personas ”, expresa.

Recalca además que uno de los principales objetivos de su gestión es disminuir la brecha digital y mejorar la calidad del transporte dentro de Chillán y de la nueva región. «Son hartas cosas, varios desafíos, también de la electromovilidad que queremos implementar», aseguró.

“Nunca te autolímites; siempre tienes que ir por lo que realmente te gusta y para lo que te sientes capacitada

¿Cuál sería tu consejo a las jóvenes estudiantes de ingeniería?
“Las mujeres tenemos ventajas que quizás muchas veces los hombres no ven, además de la capacidad de poder adaptarnos fácilmente a situaciones complicadas. Creo que nunca hay que autolimitarse; siempre tienes que ir por lo que realmente te gusta y para lo que te sientes capacitada. Por otro lado, la perseverancia y la constancia es lo que finalmente nos llevan lejos, yo no era la mejor alumna (risas), pero una de las cosas que aprendí de mi papá, es que la constancia es la clave del éxito y que jamás hay que derrotarse, siempre debemos seguir adelante”.

¿Cómo compatibilizas ser mamá de dos niños chicos y además tener un puesto de primera línea en el gobierno?
Básicamente intento organizar muy bien mis horarios, y cuando estoy con mis niños, estoy 100% con ellos. Últimamente he empezado a dejar el teléfono escondido en la cartera, pero igual después de un rato lo veo y tengo miles de mensajes que tengo que responder (risas). Simplemente intento hacerlo lo mejor posible en el trabajo y en la casa, donde sigo siendo la mamá loca. Con mi marido, Tomás, nos repartimos la pega y los dos somos papás bien apañadores, él nunca me ha criticado, todo lo contrario, apoya que me guste trabajar y tenga mi cuento propio. Yo creo que no soy muy típica tampoco, siempre he sido muy autoexigente y la verdad es que me gusta mucho trabajar.

*Bárbara posee además un Diplomado de Formulación y Evaluación de proyectos en la Universidad de Chile.