- El ingeniero civil eléctrico, egresado en 2012 y actualmente radicado en Canadá, destaca la entrega, calidad humana y profesional de los docentes, las experiencias en laboratorios, las redes profesionales, la formación en ciencias básicas y el inglés como pilares de su desarrollo profesional.
A 9000 kilómetros de Concepción, Cristian Morán Perrin mantiene muy presente los aprendizajes que marcaron su paso por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción. Hoy vive junto a su familia en Toronto, Canadá, y reconoce que las bases de su trayectoria internacional comenzaron a construirse mucho antes de salir de Chile: en las aulas, los laboratorios, en la relación con sus profesores y con los primeros vínculos con la industria.
Cristian egresó de Ingeniería Civil Eléctrica en 2012. Es hijo del académico de la Facultad de Ingeniería y exdecano Luis Morán Tamayo y de la arquitecta Marisa Perrin Costa. Está casado con Aurora Pérez Mendez, ingeniera comercial de la Universidad de Concepción, con quien tiene una hija de 3 años, Gabriela.
Desde sus años como estudiante tuvo interés por desarrollar una experiencia profesional fuera del país, de hecho, a sus 38 años ha trabajado en varios países, como en Canadá, Australia, Estados Unidos, Taiwán, Tailandia y Venezuela, motivado también por la trayectoria de sus padres, quienes realizaron estudios en el extranjero. Sin embargo, antes de concretar su vida internacional, inició su carrera en Chile, donde no solo pudo poner a prueba los conocimientos adquiridos en la Facultad, sino también comprobar el reconocimiento que la industria otorga a la formación de Ingeniería UdeC.
Al recordar su experiencia universitaria, identifica cinco elementos que fueron determinantes para desenvolverse posteriormente en contextos profesionales nacionales e internacionales: la calidad de los docentes y su cercanía con la industria, las redes de contactos construidas por la Universidad, la formación práctica en laboratorios y una sólida preparación en ciencias básicas además de incluir inglés comunicacional obligatorio en la malla.
Docentes conectados con la investigación y la industria
El primer aspecto que destaca es la calidad del cuerpo académico. Recuerda que todos sus profesores contaban con estudios de posgrado en el extranjero, trabajaban con tecnologías de punta y mantenían una relación permanente con la investigación y los desafíos de la industria.
Esto permite que los contenidos de las asignaturas no queden restringidos a la teoría. Los estudiantes pueden conocer los proyectos que desarrollaban sus docentes, participar en experiencias de investigación y aproximarse tempranamente a problemas reales de la ingeniería.
Para Cristian, esa cercanía fue fundamental, porque le permitió comprender que la profesión no consiste únicamente en dominar contenidos técnicos, sino también en analizar situaciones complejas, experimentar, buscar alternativas y tomar decisiones fundamentadas.
“Los profesores te hacían partícipe de sus investigaciones y, de esa manera, te acercaban al mundo real. Estaban trabajando con las últimas tecnologías y eso también se transmitía a la formación de los estudiantes”, recuerda.
Una red respaldada por el prestigio de la Universidad
El segundo elemento que identifica es el prestigio de la Universidad de Concepción y la confianza que existe en sus académicos y egresados, especialmente dentro del sector industrial y minero.
Cristian recuerda que tanto para realizar su práctica profesional como para incorporarse a su primer trabajo fueron las propias organizaciones las que acudieron a la Universidad en búsqueda de estudiantes y profesionales. Su práctica la desarrolló el 2010 en la minera Esperanza, poco después, surgió una oportunidad que marcaría el comienzo de su trayectoria profesional.
La empresa Siemens consultó por un ingeniero que pudiera incorporarse a su equipo. Su profesor guía, Dr. Aníbal Valenzuela recomendó a Cristian, quien participó en el proceso y fue seleccionado. A partir de esa experiencia comenzó a construir una carrera que, con el tiempo, adquiriría una dimensión internacional.
El exalumno subraya que lo ocurrido en su caso no fue una excepción. Varias veces le ofrecieron trabajo fuera de Chile (Cementation, VibroSystm e INP). A su juicio, la confianza de las empresas en la Universidad y en las recomendaciones de sus profesores ha abierto oportunidades para distintas generaciones de estudiantes y titulados.
“El prestigio de la UdeC y de sus profesores abre puertas en la industria. En mi caso, fueron a buscar profesionales a la Universidad tanto para la práctica como para mi primer trabajo. Esa red y la confianza que existe en la formación de sus ingenieros tienen un valor muy importante”, sostiene.
Los laboratorios como una primera aproximación al mundo real
La experiencia práctica constituye el tercer componente que reconoce como esencial. Durante su formación, los laboratorios le permitieron observar, medir y manipular equipos y sistemas en un entorno controlado, enfrentándose a situaciones similares a las que posteriormente encontraría en la industria.
Cristian considera que estas actividades deberían ocupar un lugar central en la formación, porque entregan una comprensión que difícilmente puede alcanzarse solo a través de contenidos teóricos.
“En un laboratorio puedes ver, tocar y manipular los equipos en un ambiente controlado. Esa experiencia es clave porque, cuando llegas a una industria, ya tienes una referencia y sabes cómo trabajar con los equipos y resolver los problemas”, explica.
El trabajo experimental, agrega, permite desarrollar criterio técnico, comprender el comportamiento de los sistemas y aprender a actuar de manera segura. De este modo, cuando un profesional se enfrenta a una planta, una instalación eléctrica o un proceso industrial, no llega completamente ajeno a los fenómenos que estudió durante la carrera.
Para Cristian, esta articulación entre teoría y práctica permite formar profesionales que pueden adaptarse con mayor rapidez y seguridad a las condiciones reales de la industria.
Las ciencias básicas como “gimnasio del cerebro”
El cuarto pilar corresponde a la formación en ciencias básicas. Cristian reconoce que durante la etapa universitaria asignaturas como Cálculo suelen ser percibidas por los estudiantes como especialmente exigentes y, en algunos casos, alejadas de la aplicación profesional. Con el paso del tiempo, sin embargo, comprendió que su aporte va mucho más allá de los contenidos específicos.
A su juicio, las matemáticas y las demás ciencias fundamentales funcionan como un entrenamiento para aprender a razonar, identificar variables, abstraer problemas y construir soluciones.
“Uno se queja mucho de esas materias, pero después entiende que las ciencias básicas son el gimnasio del cerebro. Te entrenan para pensar y resolver problemas, no solamente en el trabajo, sino también en la vida”, afirma.
La formación científica entrega, además, herramientas para aprender de manera autónoma y adaptarse a tecnologías y contextos que cambian de manera permanente. Esta capacidad resulta especialmente relevante en una disciplina como la ingeniería eléctrica, donde los avances tecnológicos exigen actualizar conocimientos a lo largo de toda la vida profesional.
También reconoce, desde su experiencia profesional en el extranjero, la relevancia que tuvieron las asignaturas obligatorias de inglés. Aunque durante la época universitaria no siempre se alcanza a dimensionar su utilidad, el dominio del idioma se transformó posteriormente en una herramienta fundamental desde el comienzo de su carrera para asumir nuevas oportunidades laborales.
“Todos afirman dominar el inglés, hasta que en una reunión de trabajo te piden tu opinión o defender tu punto de vista frente a profesionales extranjeros, que muchas veces tienen menos conocimiento técnico y teórico. Hay que creerse más el cuento, en el extranjero las carreras son más cortas y eso los pone en desventaja, llegan mucho menos preparados al mundo laboral que nosotros”, puntualizó.
Por otro lado, Cristian recuerda con especial valoración la vida de campus, su entorno y las distintas actividades extraprogramáticas disponibles para los estudiantes. Fue, en ese ámbito seleccionado del Club Campanil de Natación, experiencia que le permitió compatibilizar las exigencias académicas con la práctica deportiva y participar en diversas competencias nacionales, en Santiago, en Valdivia, en la isla Quiriquina y en el campus UdeC de Chillán. También participó de las actividades culturales, los ciclos de charlas del DIE, tomó cursos de astronomía, donde observaban las estrellas, los Viernes Estelares que se realizaban en la terraza del sexto piso del edificio de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.
El sello de resolver problemas
Finalmente, y tras desenvolverse en distintas empresas y contextos profesionales, Cristian identifica la capacidad de resolver problemas como uno de los principales atributos de los ingenieros e ingenieras de la Universidad de Concepción.
A su juicio, se trata de un sello reconocido tanto en empresas nacionales como internacionales. La exigencia académica, la formación científica, el trabajo experimental y la vinculación con problemas reales permiten que los profesionales UdeC enfrenten escenarios complejos con confianza, autonomía y criterio técnico.
Su percepción coincide con la de otros exalumnos que han desarrollado carreras fuera del país: la Universidad entrega una formación exigente, pero esa misma exigencia se transforma más adelante en seguridad para ejercer la profesión.
“En la industria existe un reconocimiento hacia el profesional de la Universidad de Concepción como alguien capaz de enfrentar y resolver problemas”, destaca el exalumno, quien actualmente se desempeña como Technical Trainer Manager, en EPC Power Corp. una empresa norteamericana especializada en el diseño y fabricación de inversores de alta potencia para aplicaciones en BESS y Data Centers.







