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Francisco Ríos lleva su formación en Ingeniería UdeC al ecosistema europeo de IA

Jun 19, 2026

  • El Ingeniero Civil Industrial de la Universidad de Concepción se desempeña como Data Scientist en un think tank con sede en Bruselas. La obtención del primer lugar en dos hackatones de Inteligencia Artificial (IA) realizadas en Ámsterdam constituye uno de los hitos recientes de una trayectoria marcada por el aprendizaje, las oportunidades y la decisión de atreverse a pensar en grande.

Cuando Francisco Ríos Fierro viajó a Bélgica para realizar una práctica profesional de tres meses, su plan era regresar a Chile, finalizar su tesis del Magíster en Ingeniería Industrial y continuar preparando una futura postulación a un doctorado. Sin embargo, aquella experiencia temporal terminó transformándose en el inicio de una carrera profesional en Europa.

Actualmente, el exalumno de Ingeniería UdeC y graduado del Magíster en Ingeniería Industrial trabaja como Data Scientist en el Centre for European Policy Studies (CEPS), centro de estudios con sede en Bruselas. Desde allí participa en proyectos que combinan ciencia de datos, programación e inteligencia artificial, junto con el análisis de las implicancias que estas tecnologías tienen para las organizaciones y la sociedad.

Durante 2026, su trayectoria sumó un nuevo reconocimiento tras obtener el primer lugar en dos hackatones de inteligencia artificial desarrolladas en Ámsterdam, con pocas semanas de diferencia.

La primera oportunidad surgió cuando un compañero de trabajo le compartió la convocatoria de una competencia centrada en agentes de inteligencia artificial. Aunque ambos postularon, solo Francisco fue seleccionado para participar. En el encuentro, que reunió a especialistas y equipos dedicados al desarrollo de soluciones tecnológicas, obtuvo el primer lugar.

Poco más de un mes después participó en una segunda hackatón, esta vez co-organizada por NVIDIA, una de las compañías más relevantes a nivel mundial en el desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial. Nuevamente alcanzó el primer lugar.

El premio de esta segunda competencia fue una unidad de procesamiento gráfico —GPU— desarrollada por NVIDIA, equipamiento de alto valor utilizado para ejecutar y desarrollar modelos de inteligencia artificial. El reconocimiento también fue valorado por su equipo en CEPS, institución que buscaba incorporar este tipo de tecnología para fortalecer sus capacidades de investigación y desarrollo.

“Después comenzó a difundirse la historia de que había ganado dos hackatones seguidas. Fue una sorpresa, pero también una señal de que algo debía estar haciendo bien”, señaló.

Una oportunidad que comenzó en Ingeniería UdeC

Francisco ingresó a la Universidad de Concepción en 2018, inicialmente a través de Plan Común, y posteriormente optó por Ingeniería Civil Industrial. Egresó en 2023, luego de una etapa universitaria atravesada por la pandemia y por los desafíos propios de estudiar lejos de Punta Arenas, ciudad donde nació y vivió gran parte de su vida.

Antes de finalizar el pregrado comenzó el Magíster en Ingeniería Industrial, programa que concluyó en 2025. Durante ese periodo trabajó en el Departamento de Ingeniería Industrial y en la Unidad de Innovación de la Facultad de Ingeniería, experiencia que resultaría decisiva para su desarrollo profesional.

Allí conoció al académico Carlos Navarrete, quien se interesó por sus planes de continuar estudios doctorales y desarrollar una carrera vinculada con la academia y la docencia universitaria.

“Carlos me preguntó qué quería hacer en el futuro y le respondí que tenía pensado realizar un doctorado. Lo primero que hizo fue decirme: ‘Vamos a hacer un plan para que esto resulte’”, relató Francisco.

A partir de ese vínculo surgió inicialmente la posibilidad de realizar una experiencia de investigación en Países Bajos. Aunque esa alternativa no se concretó, abrió una nueva oportunidad: una práctica profesional en la unidad de Data Science de CEPS, en Bruselas. Francisco decidió aceptar.

Entre septiembre y diciembre de 2024 se incorporó como practicante, mientras avanzaba en su tesis de magíster. Al concluir el periodo recibió una propuesta para continuar trabajando en la organización. Regresó a Chile para finalizar sus estudios y resolver los trámites de residencia, pero mantuvo sus funciones de manera remota.

Tras defender su tesis, volvió a Bélgica y se estableció en Bruselas. Ingresó como Junior Data Scientist y, a comienzos de 2026, fue promovido a Data Scientist.

Francisco reconoce que el apoyo y la confianza de otras personas fueron fundamentales para avanzar, pero también que cada oportunidad exigió una decisión personal.

“Le agradezco mucho a Carlos, porque nunca le escuché decir: ‘No sé si lo vas a lograr’. Siempre me decía: ‘Te va a salir bien, confía’. Pero, al final, uno también tiene que decir: ‘Bueno, lo intento. ¿Qué es lo peor que podría pasar?’”.

Su incorporación a la inteligencia artificial fue gradual. Durante la carrera se interesó especialmente por la programación aplicada y posteriormente se acercó a la ciencia de datos, utilizando herramientas computacionales para analizar información y resolver problemas.

Con el rápido desarrollo de la inteligencia artificial generativa, esta área comenzó a ocupar un espacio creciente en su trabajo. Desde Bruselas, Francisco ha podido observar tanto sus aplicaciones técnicas como el debate europeo sobre sus efectos y regulación. “Es indiscutible que la inteligencia artificial va a cambiar la forma en que trabajamos. Nos guste o no, hay que aprender a utilizarla. Algunas tareas se automatizarán, pero eso también puede ser una oportunidad para moverse hacia otras áreas y desarrollar capacidades que antes eran impensadas”, explicó.

A su juicio, el criterio humano seguirá siendo fundamental para evaluar los resultados generados por estas herramientas, detectar errores y decidir cuándo una respuesta es confiable. “No se trata solamente de tener miedo a usarla, sino de que muchas veces se utiliza mal. La inteligencia artificial puede ser muy buena para aprender haciendo y para guiar procesos, siempre que la persona tenga la capacidad de revisar, corroborar y juzgar si lo que entrega tiene sentido”, indicó.

Salir de la zona de confort

Trasladarse a otro continente significó asumir nuevos desafíos. Aunque Francisco tenía conocimientos de inglés, desenvolverse diariamente en otro idioma requirió práctica y confianza. “Una cosa es saber inglés y otra es hablarlo. Al principio se me trababa mucho la lengua, pero la única fórmula para soltarse es utilizarlo”, explicó.

En este proceso comenzó a reconocer el valor de experiencias desarrolladas durante su formación, como las presentaciones en inglés exigidas en algunas asignaturas del Departamento de Ingeniería Industrial. “En ese momento no las valoré suficientemente, pero hoy tengo que presentar constantemente en inglés y me doy cuenta de lo útiles que fueron. Aunque dé miedo o vergüenza, es importante aprovechar esas oportunidades, porque es la única forma de desarrollarse”, sostuvo.

Vivir en Bélgica también ha implicado estar lejos de su familia y adaptarse a un entorno diferente. Aunque destaca las posibilidades profesionales que ha encontrado, reconoce que la experiencia no ha estado exenta de dificultades. “Dejar a la familia atrás nunca va a ser fácil. Sigue sin ser fácil y se extraña mucho. Pero lo que uno aprende al vivir en otro país, interactuar con otras personas y enfrentarse a situaciones nuevas ha valido cada segundo de vergüenza por mi inglés, de miedo o de inseguridad”, afirmó.

Una mirada a su formación

Al recordar sus años como estudiante, Francisco reconoce una inseguridad que también observó posteriormente como ayudante: la tendencia a evaluar las capacidades personales únicamente a partir de una nota o de las asignaturas que resultan más difíciles. “Cuando uno está dentro de la universidad puede pensar: ‘Pasé este ramo con un cinco, me estoy quedando atrás, no soy tan bueno como creía’. Uno comienza a concentrarse en lo que le cuesta e ignora aquello en lo que realmente es bueno”, reflexionó.

En su caso, esa percepción comenzó a cambiar al salir de Chile y trabajar junto a profesionales provenientes de distintos países.

“Cuando uno sale se da cuenta de que la preparación de la Universidad de Concepción y de la Facultad de Ingeniería es de un nivel altísimo. Es algo que se descubre cuando se intenta. La Universidad entrega todas las herramientas y tiene una formación de nivel global”, afirmó.

Por ello, su principal mensaje para las actuales generaciones es reconocer sus capacidades, aprovechar las oportunidades y no permitir que el temor a equivocarse limite sus decisiones. “Hay que creerse un poquito más el cuento. Entiendo perfectamente a quien dice que le da vergüenza presentar, que no sabe suficiente inglés o que tiene miedo de fallar, porque yo también era así y todavía me ocurre. Pero uno tiene que atreverse y tirarse a la piscina”, expresó.

Para Francisco, construir confianza no significa dejar de sentir temor, sino aprender a avanzar a pesar de él. “Hasta el día de hoy me sigo preguntando si estaré a la altura, pero ahora sé que eso no puede impedirme seguir adelante. Uno nunca sabe hasta dónde puede llegar. Lo que he aprendido es que vale la pena intentarlo”, concluyó.

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